martes, 9 de agosto de 2011

El don de la palabra

Penelope Dullaghans

El lenguaje nos pertenece, nos caracteriza. Cada uno de nosotros tenemos un hablar propio y distinto al de los demás, personal y único. El lenguaje es como una utilísima caja de herramientas con casi todo lo necesario para nuestro bricolaje vital; en ella encontramos palabras dulces para el amor o espinosas para el enfado, cautelosas para recomendar o chispeantes para celebrar... Vivir es comunicar y, aunque es verdad que son muchas las formas de comunicación, en ninguna de ellas faltan las palabras, porque con ellas pensamos, analizamos, transformamos. Si permitimos que nuestro vocabulario se vaya reduciendo día tras día, estaremos también recortando nuestra facultad de pensar: en cuestión de palabras, las formas son también el fondo. Si empobrecemos el lenguaje llenándolo de vocablos baratos e infantilizados, de palabras gruesas y malsonantes que sirven para todo, no cultivamos ni la imaginación ni la elegancia, solo la simpleza de espíritu y la uniformidad de pensamiento. Si no nos importan los nombres de las cosas, si con un "esto parte" o con un "qué guay" podemos referirnos a todo lo que en un momento dado pueda calificarse como interesante, divertido, agradable, gustoso, bueno, rico, sugerente, excitante, novedoso, atrevido, estupendo, ingenioso, atractivo, gracioso o entretenido, descartando matices y diferencias, estamos rechazando el don de la palabra.

No se entiende cómo en los tiempos que corren, en los que sin una buena imagen no somos nadie, nos hemos olvidado de que nuestra conversación es la tarjeta de visita de la que no podemos prescindir, la que siempre habla de nosotros; la vestimenta, el maquillaje, se cambian para la ocasión, según esta requiera desenfado o ceremonia. No ocurre así con el lenguaje, nuestra apariencia más íntima, la que brota directamente de nosotros, la que estrenamos cada vez que abrimos la boca.
Penelope Dullaghans

CANCIÓN DONDE SE EXPLICA, BIEN EXPLICADO, QUE AL PRONUNCIAR UNA SOLA PALABRA PUEDES HACER TU BIOGRAFÍA

A Dámaso Alonso
La palabra que decimos
viene de lejos,
y no tiene definición,
tiene argumento.

Cuando dices: nunca,
cuando dices: bueno,
estás contando tu historia
sin saberlo.

Luís Rosales

4 comentarios:

huggh dijo...

iluminador post... gracias!

Laura Uve dijo...

No puedo estar más de acuerdo. La palabra salva, cura, acuna, mece, consuela, hunde, lleva al paraiso, al infierno... Si todo se resume en una pobre expresión es imposible la diversidad de emociones y de matizaciones.

Un abrazo, mi cariño y un olé.

indigo dijo...

Cada vez me mimáis más y mejor: soy muy afortunada.
Besos para ambos, hoy con un poco de brisa como hilos dentros del bochorno.

IM dijo...

Que simple y bello, saludos!