martes, 10 de diciembre de 2019

Llegó el amor

Trascurría así la vida tranquila en aquella casa pero cierto día apareció un desconocido y se quedó a vivir allí. Era alto y hermoso, bueno e inteligente y la muchacha desde un principio le admiró. A veces él le apretaba la mano y su mirada ahondaba misteriosamente en sus ojos azules. Desde que él había llegado todo se hacía más claro, más noble, sumía a la mente en cierta intranquilidad pero también en una inefable tibieza al corazón. Volaban los días...

El secreto. Juan Eduardo Zúñiga

sábado, 7 de diciembre de 2019

Planes

Recomiendo a esta tierna autora y su precioso libro. 

jueves, 5 de diciembre de 2019

Álamos y cuántos álamos

Invierno en Andalucía. (Bosque de álamos con rebaño en Alcalá de Guadaira. Emilio Sánchez-Perrier

Una de mis cuadros favoritos, perteneciente al Museo Carmen Thyssen de Málaga, colección permanente. Siempre me emociona.
Ya puse por aquí esta imagen en 2012, para el poema de Juan Gelman, Árboles... y es que los árboles son seres especiales, únicos.

Álamos, y cuántos álamos
se suicidan por tu culpa,
rompiendo cristales verdes
de tu verde, verde urna.


Romance del Júcar. Gerardo Diego

martes, 3 de diciembre de 2019

Encrucijada

A lo largo de los cruces de tu camino te encuentras con otras vidas: conocerlas o no conocerlas, vivirlas a fondo o dejarlas correr es asunto que sólo depende de la elección que efectúas en un instante. Aunque no lo sepas, en pasar de largo o desviarte a menudo está en juego tu existencia, y la de quien está a tu lado.


Donde el corazón te lleve. Susanna Tamaro

domingo, 1 de diciembre de 2019

Tu mirada es el paisaje ( CXXXII)


Malcolm Liepke

Cualquier mirada puede ser la de un inocente o la de un culpable, pensaba, acordándose de las miradas serenas y francas que había en cada una de las fotos del cartel de los terroristas más buscados.

Plenilunio. Antonio Muñoz Molina

viernes, 29 de noviembre de 2019

De pòlítica NOTA

George Cooke

Existe una sociedad política para la causa de las acciones nobles, no para la mera camaradería.
De política. Aristóteles

lunes, 25 de noviembre de 2019

Haciendo la compra

Con su falda se tapa la rodilla,
para no ser vista
por ese jabalí mal herido.
Se esconde bajo una camisa
de su hermano mayor,
para no ser observada
por esa rata que se cree una gacela.
No se pinta la cara,
ni se pone perfume.
Con los ojos arrastra
el suelo de camino a hacer...
la compra.

La criada (Tormenta de especias). Lamiae el Amrani

martes, 5 de noviembre de 2019

DONDE EL CORAZÓN...


Llevo meses deshaciendo mi biblioteca. Mudo de casa; en la nueva, pierdo espacio para libros, pero gano en verde, en árboles. Lo prefiero. Los deseos cambian con los años: ahora no acumulo: destilo. Este nuevo rumbo me desazona. Puedo desprenderme alegremente de un libro recomendable: lo regalo, lo libero, lo recoloco en otra biblioteca... Tampoco me incomoda abandonar en el vertedero el volumen que se lo merece, por malo o por feo. Me deshago también de los que sé que no voy a volver a leer; de estos, solo conservo los que tienen un valor añadido, por el tiempo que representan, por su procedencia, etc. La cuestión surge con los que pienso que quizá quiera o deba  volver a leer (siempre digo que estoy en edad de releer) y con los que no he leído, aunque pienso que debería hacerlo... ahí... acumulo sin querer hacerlo y ya mi pequeña biblioteca se encuentra desbordada y yo obligada a leer antes de hacer desaparecer...

Uno de esos libros, largo tiempo guardado y no atendido, es Donde el  corazón te lleve, de Susanna Tamaro. Me ha gustado mucho: no puedo botarlo! En este libro he visto la perfecta descripción de cómo siento ahora.

jueves, 10 de octubre de 2019

Oradores

El discurso fúnebre de Pericles

Aquí los oradores.
Cuando al fin enronquecen hacen gárgaras
con las palabras que les sobran
(pocas)
y recomienzan la función:
  y señores maradas
  esperar de mí un discurso
  jos mío respetable
  cionado
  funto como yo oso
  Colón


Oradores (El gran zoo). Nicolás Guillén

jueves, 3 de octubre de 2019

Más rápido que de costumbre

Con el turbante rosa, la blusa beige y las zapatillas, esta Mona era mucho más excitante que la bella, diáfana y estilizada Joyce. La casa estaba medio cerrada, en penumbra y fresca, y Cyril sintió latir su corazón más rápido que de costumbre. Pero no era la aceleración de un rato antes, no era el ritmo de la fatiga, sino otro, muy conocido, y que creía olvidado.

A mitad del recorrido. Francoise Sagan

domingo, 29 de septiembre de 2019

Tu mirada es el paisaje (CXXXI)

Verano. Alex Katz

Caminaba con esfuerzo, con el libro amarillo bajo el brazo y la toalla sobre el hombro, el rostro deshecho por el sudor y la ansiedad. Tanto que mi padre, al que se le había puesto rápido al corriente de todo y lo seguía con ojos cargados de piedad, murmuró en voz baja: "Pavràz...".

Las gafas de oro. Giorgio Bassani

domingo, 15 de septiembre de 2019

Hogar dulce hogar

Qué fácil es escribir la palabra hogar cuando no has tenido que dejar tu tierra para comer.


jueves, 12 de septiembre de 2019

Tu mirada es el paisaje (CXXX)

Simon Gluecklich

Sin haber sido tampoco exactamente una belleza, Antonia, en cambio, parece casi una actriz de cine mudo en las pocas fotos que he visto de ella. Morena, menuda, delicada, mira a la cámara con los ojos muy abiertos, improvisando un instante de desconcierto, siempre idéntico. Se atrevía a llevar el pelo suelto, una melena oscura, rizada, sujeta a la altura de las sienes con un arsenal de horquillas y peinas de colores, como las gitanas, y abusaba metódicamente de la bisutería. Las sortijas se agolpan en sus dedos de dos en dos, hasta tres a veces, en las fotos que captaron sus manos, y la piel de su escote, siempre descubierto, apenas asoma entre una maraña de collares de cuentas, con dijes y colgantes extraños, sudamericanos quizás, quizás africanos. Le gustaba que sus pezones se transparentaran por debajo de la blusa, y colgarse dos aros enormes en las orejas.

Atlas de geografía humana. Almudena Grandes

sábado, 31 de agosto de 2019

Deseo

César Augusto Rincón González

Una hora... Le doy una hora. Una hora de retraso es lo máximo que una mujer puede soportar. Una mujer como yo, en todo caso. Una mujer felizmente casada, hermosa, considerada bella, deseable, deseada. Una mujer deseada por docenas de tipos... de los cuales puedo mencionar seis. Una mujer con un sombrero encantador y zorros encantadores, que espera desde hace media hora sentada en un banco de piedra, en una plaza de París, a un hombre impuntual, es algo vergonzoso, inconcebible. Es grotesco. Soy hermosa, elegante, deseada y grotesca, pero dentro de una hora y media todavía estaré aquí y, si él persiste en su retraso, pisotearé mi horrible sombrero y dejaré estas cochinas pieles en este banco. Y, si él persiste en su retraso, cuando llegue me desnudaré en esta plaza y le seguiré a pie por toda la ciudad.


Algunas lágrimas en el vino tinto. Francoise Sagan

Estoy leyendo relatos breves de esta autora francesa... y son estupendos, me encantan. Tienen una originalidad y una sinceridad conmovedoras. Me gusta también la manera de poner los títulos, dándole protagonismo a un hecho o detalle mínimo que ocurre en el relato pero que desencadena toda la historia... Aquí os pongo el comienzo de Algunas lágrimas en el vino tinto, y tengo que decir que es la mejor y más sencilla descripción de la emoción de la pasión que he leído nunca. En fin, que Sagan me cae muy bien y la recomiendo, no está de moda pero su lectura es necesaria... y Francoise es una flor encantadora.
Adiós agosto, adiós...

viernes, 30 de agosto de 2019

Tu mirada es el paisaje (CXXIX)

Clara Gómez

Harry bebía su segunda Coca-Cola cuando Birgitta apareció; eran las nueve y media. Llevaba un vestido de algodón blanco sencillo y el cabello rojo recogido en una impresionante coleta.
-Empezaba a temer que no vinieras -dijo Harry.
Lo dijo en tono de broma, pero iba en serio. Había comenzado a temerlo desde el momento en que quedaron en verse.
-¿De verdad? -preguntó ella en sueco.
Le dirigió una mirada traviesa a Harry, quien se dijo que esa noche iba a pasárselo en grande.

El murciélago. Jo Nesbo

miércoles, 21 de agosto de 2019

Sostenibilidad

Lo más sostenible es
alargar la vida
de lo que ya existe.

sábado, 17 de agosto de 2019

La eternidad

Sara Graham 

Alrededor está la eternidad:
la atravesamos raudos
en este tren blindado que es el tiempo.


La aventura. Joan Margarit

jueves, 15 de agosto de 2019

Siguiendo tus pasos

Mi corazón va siguiendo,
cuando te vas acercando,
con acompasados golpes
el sonido de tus pasos.

Cancionero de mi tierra. Casilda de Antón del Olmet


miércoles, 14 de agosto de 2019

Una sonrisa sin reticencias

Caminaba junto a ella por senderos llenos de agua y de hojas secas, tendiéndole a veces la mano para evitar un charco. Entonces sonreía con una sonrisa sin reticencias.

El Gigoló. Francoise Sagan

sábado, 10 de agosto de 2019

Vida y decorado

Inma Banet

En vez de pensar en mi esposa, mis hijos y mis nietos, me sorprendí pensando en un viejo amor, y no porque mi familia no me importara y el viejo amor sí, sino porque ese idilio armonizaba con aquel decorado: con el viento, con el mar alebrestado y la ciudad. Nos gusta presumir de que nuestros sentimientos son auténticos. Con frecuencia lo son. Pero con la misma frecuencia son una puesta en escena de un gran director: el arte que nos rodea, los libros que hemos leído, los cuentos que nos contaban cuando éramos niños.


Otra vida por vivir. Theodor Kallifatides

El tesoro escondido en este párrafo es la palabra alebrestado, que no conocía, y que según la RAE:

1) Como sinónimo de alebrarse:
a. Echarse en el suelo pegándose contra él.
b. Acobardarse.
2) Estar alerta permanentemente.
3) Alborotarse, agitarse.
4) Enamorarse, prenderse de amor.
5) Alegrarse y ponerse en actitud de divertirse.

En el párrafo transcrito parece claro que se usa para indicar la agitación del mar...
La mayoría de las acepciones de la palabra hacen referencia a países sudamericanos, donde seguramente será más utilizada; aquí es la primera vez que me la encuentro, al igual que su sinónima alebrarse.