domingo, 17 de agosto de 2014

Leer y viajar


Aquí charlaremos Javier Reverte y yo si algún día pasa por mi puerta
Este barco está hecho de lecturas: me hago a la mar leyendo.
 
La revista L y más en su nº 37 de junio, La gran evasión, cataloga 40 títulos imprescindibles para viajar desde el sillón, que ese es mi último estilo viajero. Ya sé que estas listas de “imprescindibles, básicos, lo que no puede faltar en tu biblioteca, etc.” nunca son inocentes, hechas como están por libreros y editores. Pero siempre me pincha la curiosidad y me miro en ellas, me comparo. Bueno, tras ver uno a uno los títulos destacados, resulta que mi ancla fondea al diez por ciento: de los cuarenta señalados, sólo conozco cuatro y, eso sí, desde luego que son imprescindibles al cien por cien.

El catálogo señala dos libros de Ryszard Kapuscinski, ambos leídos, disfrutados y recomendados, compartidos: Ébano y Viajes con Heródoto.

Otro título, Vagabundo en África, de Javier Reverte, es un libro interesante, curioso y divertido que, al terminarlo hace años, sentí el consuelo íntimo de haber leído algo necesario y, además, siento por Reverte algo parecido a una amistad platónica: me encantaría verlo pasar delante de mi puerta e invitarlo a compartir unas migas, un arroz o un escabeche mientras hablamos tranquilamente de cualquier cosa.

El cuarto de la lista que he leído y releído es El corazón de las tinieblas, por supuesto absolutamente imprescindible. Este libro fue para mí un chute de adrenalina que hizo latir mi corazón al mismo ritmo trepidante y angustioso que el genial Joseph Conrad hizo sonar los tambores de su Corazón.

Y, con ritmo totalmente opuesto, Conrad fue también quien me hizo sentir pegada a la piel la asfixiante calma chicha de un viaje maldito en su Línea de sombra, también altamente recomendable, aunque este título no se encuentra entre los cuarenta principales de la lista que os comento.

Leer y viajar para vivir, para disfrutar.
Lawrence Alma-Tadema
Leer, como perseguir Tartaria, es siempre un viaje, una aventura que nos abre los ojos, que nos eriza el pelo de la nuca, ya sea en un junco en el Mekong, en la cafetería de la esquina, en la complicidad de una librería o en el sillón de nuestra casa. Leer, como viajar, es conocerse un poco más y descubrir el mundo, descubrirse, en las vidas de otros.


2 comentarios:

Blanca Rodríguez G-Guillamón dijo...

Me encanta cómo lo has escrito y qué razón tienes con Kapuscinski.
Igual ya los has leído, pero déjame que te recomiende algunos otros. "Dime quien soy", de Julia Navarro... Que cuando se empieza, ya es imposible soltarlo, y tan imposible que a veces yo misma me enfado de que no decaiga la tensión.
Y "Autorretrato con radiador", de Christian Bobin. Este último se disfruta despacio y está terminalmente prohibido al que solo busque una narración que lo entretenga. Este es un tesoro. Cada frase es una perla preciosa. Su autor sí que es mi amistad platónica.

Índigo dijo...

Gracias por tu visita y tomo nota de tus comentarios. No conozco de nada al Bobin que citas, pero creo que lo buscaré porque a lo que tu llamas tesoro, yo les digo joya, libros-joya, y soy una adicta a las frases preciosas. El post estaba sin terminar, me faltaban las imágenes que las pongo ahora. Este barco lo he tenido un poco abandonado, espero que a partir de ahora no sea así.
Un abrazo.