Quizá a partir de ahora tengáis la impresión de que en mi ánimo se asienta un cierto desapego, una disminución en las visitas al blogvecindario, una escasez de miradas, una racanería creciente en la cantidad, calidad y variedad de los posts, al tiempo que soy presa de una monotemática verborrea.
Pero sigo aquí, tras la soleada ventana que me regaló Mandarina Azul, hada buena que intuyó cuánto iba a necesitar la luz, el optimismo y la fidelidad de los girasoles.
La lavadora es el símbolo de nuestro tiempo, centrifuga la mierda, blanquea el dinero sucio y lava más blanco todo lo que hasta ella llega mugriento. Estoy hecho un filósofo.
El Club de los Faltos de Cariño. Manuel Leguineche