domingo, 10 de septiembre de 2006

Alegrías de luna

Llegaste calmoso, hastiado de olas.
La luna, más paciente, se quedaba todavía en el balcón, distinguiendo tus pasos, celosa.
Yo presentía en la orilla del sueño.
Te acaricié con palabras, te rocié con ellas.


Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte u al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

San Juan de la Cruz

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