sábado, 21 de abril de 2007

La ruta de la seda


Esta es la historia de una amante sin igual: Justine.
La recibía siempre en lunes.
Justine llegaba temprano, vestida como le había indicado.
La despojaba de las ropas que tan costosa y primorosamente se había procurado. La perfumaba ricamente, mientras aspiraba los rincones de su piel.

Cada lunes estrenaba un larguísimo foulard de seda, azul, rosa, turquesa, violeta...

Con él la ataba y cegaba al mismo tiempo. La dejaba sola. Puedo asegurar que Justine goteaba de placer, dejando un rastro de seda en sus piernas. Entonces, la besaba tiernamente en la boca y la guiaba con dulzura a la habitación...

Antes de despedirse, Justine recibía las instrucciones exactas para el próximo lunes.

Yo, añadía el penúltimo velo al dosel de mi cama.

5 comentarios:

Toy folloso dijo...

¿Algún ingeniero textil por aquí para contarnos a qué se debe la maravillosa sensación que da la seda al rozar nuestra piel?.
(Y no digamos una mucosa).

churra dijo...

Que sensual....
esperando el lunes .
Besos

Gwynette dijo...

Tu, es que ya notas la primavera !! =_O

abracitos de alcachofa

Scheherazade dijo...

Que bien te sientan los domingos...


Mil y un besos.......

Edanmir dijo...

Y los deliciosos seis días de espera...