Mi silencio y tal vez mi expresión de pasmo al verlo allí tan cerca y tan de sopetón le animaron a poner una mano sobre mis rodillas y acariciarlas como al descuido. Fue una caricia leve, pero definitiva, que se adueñó de todo mi futuro.
Sí, tienes toda la razón, no sé muy bien como titular este post; ahora se me ocurre que quizá pegue el título de Kundera, La insoportable levedad del ser. Feliz finde, Emilio.
Fue un instante fugaz, Fugaz Como cualquier instante, Pero un recuerdo lo conserva intacto: Arte de la memoria. Un mar, igual en el recuerdo a cualquier otro. Aquel instante. Jorge Guillén
La mayoría de las imágenes que enriquecen mis entradas han sido sacadas de la red. Siempre que el título y la autoría están disponibles, los coloco junto a ellas; cuando tal información no aparece es porque no he podido conseguirla. A tod@s agradezco esta pública y desinteresada colaboración y, si en algún momento, alguien no está de acuerdo con este uso, solo tiene que decírmelo y las imágenes serán retiradas.
5 comentarios:
Eso no es levedad, es profundidad.
Saludos
Sí, tienes toda la razón, no sé muy bien como titular este post; ahora se me ocurre que quizá pegue el título de Kundera, La insoportable levedad del ser.
Feliz finde, Emilio.
Gracias por refrescarnos con la magia de la Gaite.
Un abrazo Indigo
Me encantó el libro cuando lo leí.....Puede que haga la friolera de más de 20 años ¿Es posible?
No salgo de mi asombro. Beso
Sí, sobre 20 años; para mí es una relectura, un homenaje a mis dos amigas de aquel entonces.
Un beso.
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