sábado, 13 de marzo de 2010

Rubores


Cuando apareció, ella se ruborizó. Se ruborizaron no sólo las mejillas, sino el cuello, y aún más abajo, sobre todo el escote, se puso magníficamente roja ante todos, roja por y para él. Ese rubor había sido su declaración de amor, ese rubor lo decidió todo.

La identidad. Milan Kundera

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1 comentario:

Toy folloso dijo...

No sé si debo... pero esta rosa también hace ruborizar.
(Peazo pipa....).