lunes, 25 de septiembre de 2006

Trufa de Périgord

Luciérnaga. Psiweapon

Cuando mi madre murió, le dejó la granja a mi hermano Cassis, la fortuna en la bodega a mi hermana Reine-Claude y, a mí, la menor, su álbum y un tarro de dos litros que contenía una trufa de Périgord, del tamaño de una pelota de tenis, suspendida en aceite de girasol que aún ahora, al destaparlo, sigue despidiendo el rico y húmedo perfume del suelo del bosque. Una distribución de riquezas un tanto desigual, pero así era madre, una fuerza de la naturaleza, otorgando sus favores a voluntad, sin revelar nada sobre el funcionamiento de su peculiar lógica.
Y como Cassis siempre solía decir, yo era su favorita.
Cinco cuartos de naranja. Joanne Harris

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