viernes, 14 de septiembre de 2012

Desinformación

Hace tiempo que los telediarios perdieron interés para mi, aunque sigo medioviéndolos cuando surge la ocasión. Hay veces que los quito furiosamente porque hieren mi sensibilidad y perjudican la salud de los míos, en especial la de mi mamá, de ochenta y seis lúcidos años, con paciencia largamente reconocida, pero que tampoco hay que llevar a la exasperación. Pero hoy, ha encartado así, nos hemos servido voluntariamente, de principio a fin, el de las 21 horas de Tele5; en familia, y como si necesitáramos expiar algún tipo de culpa colectiva, cada minuto más compungidos, hemos asistido al desfile macabro de un disparate detrás de otro, de temática variable, pero a cual más paralizante. Informar no es eso. Por ejemplo, y por centrar un poco, es indecente que se echen al público, como se le echa leña al fuego o comida a los cerdos,  unos contenidos que tienen sentido en su contexto, circunscritos al momento, a las circunstancias y a sus protagonistas. Apelando al mantra de la libertad de información, todo se vende. Y por eso hemos escuchado hoy las declaraciones de una niña de cinco años explicando al juez o a la policía cómo mataron a su mamá; también, las conversaciones de mecánicos y pilotos del avión siniestrado hace ahora cuatro años. Estas conversaciones pertenecen al ámbito privado y una actuación judicial puede quitarles su intimidad pero solo para incorporarlas al proceso, no para alimentar el río morboso de la opinión pública, que además, no recibe la información completa, sino aquellos trocitos que alguien considera más impactantes. ¿Permitiríamos que el arma homicida, prueba del crimen que se investiga, corriera de mano en mano, que fuera manoseada por todo aquél que sintiera deseos de hacerlo, la dejaríamos a merced de un barrio, de un mercado, de un colegio? No. Y las declaraciones, las conversaciones, pruebas también del crimen que se investiga ¿por qué las ponemos a correr de boca en boca?

5 comentarios:

Hugo Luna dijo...

es el poder del mercado... todo lo convierte en mercancía... mi saludo amiga.

Toy folloso dijo...

Al menos en los Juzgados que yo he pisado, la sensación de caos es omnipresente.
Hablé de ello.

Emilio Manuel dijo...

Has dicho bien, la muy mal entendida "libertad de expresión", una libertad de expresión que ensucia todo lo que toca, en tanto los jueces con escasos instrumentos redactan unas sentencias que alimentan esta basura.

Un abrazo.

Erna Ehlert dijo...

Es triste, pero así montan las cosas.
Es triste que tengan éxito esta manera de presentar "noticias"

Índigo dijo...

Tenemos que intentar ser lo menos cómplices posible y no hacernos eco, cosa nada difífil, porque además es todo feísimo, aunque solo sea por estética, no caigamos en su juego.
Gracias por vuestros comentarios.