miércoles, 8 de enero de 2014

For ever


Ebrios de amor se grabaron sobre la piel el nombre que juraron amar eternamente.
Pero el amor resultó menos duradero que el tatuaje.
Ahora Rubén adorna su antebrazo izquierdo con una metralleta.
Y Alejandra ha repintado su vientre con una cenefa de inocentes mariposas.
Quedó claro: no eran tal para cual.

3 comentarios:

Erna Ehlert dijo...

Que bueno!!!

Índigo dijo...

Basada en un hecho real, totalmente verídica la metralleta.
Gracias, un abrazo.

La Nebulosa dijo...

Es lo que tiene el amor entusiasta e impetuoso de juventud. Con el tiempo, no es que aprendamos acerca del amor y la mesura; es que la piel, ya marchita, no luce con el mismo porte los tatuajes. Bonito! Saludos