Y entonces Ewan aguardó un momento y sus labios se unieron a los de ella, temblorosos como los suyos. Chris quería gritar y reír todo a la vez y que él la siguiera abrazando así para siempre, en el patio, y que sus labios temblorosos siguieran abriendo los suyos tan dulces e imponentes.
(Lewis Grassic Gibbon. Canción del ocaso)

No hay comentarios:
Publicar un comentario