domingo, 26 de noviembre de 2006

En la fuente del goce

María Magdalena en la gruta. Jules Lefebvre

De ella se desprendía un perfume de jacintos que me calaba por entero, y no era el artificial de la esencia con que se perfumaba, sino el de ella misma, el de su piel, el perfume secreto de sus entrañas.
Henry Borbusse. El infierno

8 comentarios:

Scheherazade dijo...

Cuando alguien te llega por ese olor, el olor de ella, ya no hay quien para eso. El gozo de sentirla dentro "aspirada" para luego ser devorada por nuestros instintos...

Gwynette dijo...

Que casualidad..este fin de semana nos dió por los perfumes !!:)

Cariños de alcachofa

churra dijo...

Ese es el olor que permanece en la memoria,el que te subio al cielo y te bajo a los infiernos.

Besos

Peregrino dijo...

Bonito post. El olor siempre ha sido uno de los mayores afrodisiacos. ¿Cuántas veces nos habremos girado en plena calle buscando un olor? Luego, si no hemos identificado a la portadora, da lo mismo, el olor ha sido suficiente.
Un beso
Darrell Standing

Anónimo dijo...

Ningún perfume puede superar el olor de la piel amada

La hormiguita dijo...

Inolvidable.

Saludos

Susy dijo...

Pues sí, parece que anda caldeadita la cosa...si.
La vida, que no cesa.

Besitos.

Amor dijo...

A mí me ha pasado algo parecido alguna vez. Hay olores y secretos que no contar que fascinan, y el olor del rastro del amor es un tesoro que trae un recuerdo feliz, ¿no?