viernes, 22 de septiembre de 2006

Por amor


Cuando se me acabó la existencia de corbatas, me dediqué a visitar los negocios de ropa usada y compraba las más anchas que me ofrecían. Llegué a adquirir algunas realmente espeluznantes, corbatas con paisajes campestres −vaca incluida−, con paisajes marinos, con monumentos nacionales dedicados a ilustres vencedores de batallas perdidas, con estrellas del deporte, con retratos de cantantes pasados de moda, de antes de que yo naciera, y qué decir de los vendedores. Me miraban como a un loco caído del cielo al cual podían encajarle toda la mierda que se apolillaba en las vitrinas.
Mabel no tardó en descubrir mi truco.

Historia de amor sin palabras. Luis Sepúlveda

1 comentario:

Viuda de Tantamount dijo...

Capitana....tuve una mania similar a la de Sepulveda....cuando empezaron a ir mal las cosas con mi marido, el primero, pensé que lo más simple sería ponerlo en traspaso.

Y me encargaba de sus corbatas y trajes más que núnca, pensando en promocionarlo de nuevo en el mercado....


Creo que si tuviera que retirar a otro de los productos disponibles, buscaría las corbatas que dejo sin comprar Sepulveda....