Me noto, ortográficamente hablando, con tendencia al pleistoceno. Como ejemplo, diré que me cuesta mucho desprenderme del acento de 'solo'. Casi tanto como llamarlo, en vez de acento, tilde... Cada día me fuerzo a escribir en mi cuaderno una frase larga que contenga varios solos de solo, como si tocara el violín con la palabra y le sacudiera el acento, perdón, la tilde, con un buen golpe de arco cuando aparece.
(Maruja Torres. Cuanta más gente se muere, más ganas de vivir tengo)
Cuando trabajamos con la naturaleza del mundo exterior, lo hacemos con la naturaleza de nuestro mundo interior… las personas conectan más fácilmente cuando están juntas en la naturaleza.
Los padres te llevan como si fueras parte de ellos mismos. Te dicen que todo es por ti, hijo. Que todo lo que hacen es por ti. Y te recortan por la raíz lo mismo que a un bonsai. Por eso creces mal. Y luego te llenas de bichos.
El pan que comíamos, más que blanco, era mulato, como recién llegado de las Indias, y aún parecía haber sido hecho allí y mecido en galeón dos meses hasta llegar acá, por lo duro que estaba.
El verano siempre se adelanta. Todo el mundo sabe que nunca empieza el 21 de junio, sino varios días antes. Ese año llegó incluso antes que de costumbre, cuando los robles, esos holgazanes de la Creación, apenas acababan de reverdecer.