Mi hermana y yo en el colegio rural de Triana, el primero al que fuimos. Inma Díaz
La lectura es una actividad íntima y solitaria, pero el lector siente, después de leer un libro que le ha impactado, la necesidad de contar la experiencia. Por eso escribimos, principalmente, sobre lo que leemos, sobre lo que nos sugiere la lectura.Emilio Lledó, al que quiero como si fuera de mi familia, y casi, porque yo lo miro como a un tío o como a un hermano mayor, cuenta en prácticamente todas sus entrevistas, cómo uno de sus primeros maestros, Don Francisco, ocupa todavía un espacio señero en su vida y ha marcado seguramente toda ella, gracias a que a sus alumnos de nueve, diez, doce años, les hacía leer El Quijote, el Quijote de verdad, nada de infames adaptaciones para niños. Y luego, tras la lectura individual y silenciosa, les pedía a esos niños que escribieran "Sugerencias de la lectura". Y lo hacían: leían, comprendían y sugerían.
Admiro a Don Francisco, y gracias a él, a Don Emilio, y a todos los maestros que han necesitado las sugerencias de sus alumnos para enseñar amorosamente, con calidad y con calidez, condiciones ambas imprescindibles para una instrucción no seca ni pedregosa, sino tierna y dulce como lo es la criatura que aprende. Un maestro así empodera a su pupilo para siempre y entre ellos se crea un vínculo feliz e indestructible.
Saludos desde la tumbona.
Fuera de serie. Collage (detalle). Inma Díaz
Llega la edad del frío,
la edad de valorar
los libros ya leídos y las calles tranquilas.
La oscura melancolía de Robinsón Crusoe. Joan Margarit