Un jardín te da un espacio físico protegido que ayuda a aumentar tu percepción de tu espacio mental y te da tranquilidad para escuchar tus pensamientos. Cuanto más te sumerges en el trabajo manual, más libertad tienes en tu interior para poner en orden tus sentimientos y trabajarlos.
Se hacía de noche por aquellas calles y las farolas estaban encendidas y habría querido que durase siempre, porque ahora sabía que la idea de separarnos y no volvernos a ver me dejaba como sin piernas. Era como si yo hubiera echado raíces en su sangre. Su cadera era la mía. Su voz era como abrazarla.
Fingía que se volvía, pero iba conociéndola poco a poco: los pies para empezar, con los que sus ojos tropezaban aun entornando los ojos; luego una rodilla cuando, se desliza bajo las sábanas; después el pecho, con sus pequeños y rígidos senos, cuando cada mañana metía el rostro en la palangana.
Soñaba yo con panes de miga blanca como el requesón y olla podrida y un ‘tojunto’ con su vaca y su cebolla, gordo el caldo, y una buena ‘merced de Dios’ con sus torreznos bien fritos y la miel chorreando, y hormigos de buena harina, gordos y retorcidos; y ensaladas con sus ruedas de pepinos, y alcuzcuz y tajarina, y empanada de bonito o de sábalo.
El CLARO del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar; desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso.