Mostrando entradas con la etiqueta Chantal Maillard. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chantal Maillard. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de mayo de 2010

El dolor que no cesa

De promesas solemnes a corazones rotos. Michael Onona

Vivir acuclillada. Las rodillas
pegadas al mentón:

por intensos que sean,
los rayos de sol
no regeneran a los muertos.

Y también. Chantal Maillard

jueves, 8 de abril de 2010

Tu mirada es el paisaje (XLVIII)

Paul Klee

Yo nunca veo la mirada

de mis ojos mirando fuera.

El pánico. Chantal Maillard

miércoles, 29 de abril de 2009

Naufragio

Habrá que levantarse. Aunque sin
saber para qué. Sin saber
tampoco para qué el para qué.
Levantarse y dar vueltas en esta
habitación. O también, cambiar de ha-
bitación. Pero no. Más seguro es
quedarse aquí, tecleando. Un teclado
es algo conocido. Tienen un
sonido peculiar, las teclas,
cuando se las pulsa.
Quedar en lo reconocible.
Hilos. Chantal Maillard

martes, 31 de marzo de 2009

Día de colada

Me pedís palabras que consuelen,
palabras que os confirmen
vuestras ansias profundas
y os libren
de angustias permanentes.
Pero yo ya no tengo
palabras de este género.
Aceptad mi silencio: lo mejor
de mí. Huid del soplo que pronuncia,
en mi boca,
la amarga condición de lo humano.
Y, entretanto, dejadme contemplar
el vuelo de la ropa
tendida en la ventana.
La luz, el aire y el pájaro. Chantal Maillard

viernes, 20 de marzo de 2009

Las mil y una noches

Juan Borges Linares
Cuéntame una
historia que no tenga
final. Que no tenga
principio.
Dime. Chantal Maillard

sábado, 21 de febrero de 2009

Ella

Le yukata. Francine von Hove
Llevaba corto el pelo.
El aire olía a ropa recién almidonada.
Ella me sonreía con
un hilo entre los labios.
El mar. Chantal Maillard

sábado, 24 de enero de 2009

Tu mano

Desnudos en reposo. Jorge Pedraza
La mano
en el muslo, por fin,
sin saber cómo.
Sin. Chantal Maillard

lunes, 29 de diciembre de 2008

No me sueltes

Hilo de luz. Alba Vila



A veces se rompe

el hilo. Porque es endeble,

o porque la otra habitación

está oscura. Sin

querer, tiramos de él y se rompe.

Entonces queda el silencio.


Uno. Chantal Maillard