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miércoles, 11 de diciembre de 2024

EL MUNDO

Vuelven a casa. Inma Díaz
Comprendí que cuanto más vocabulario atesorase, más pronto -y más rico en su inabarcable diversidad- se abriría ante mí el mundo.

(Ryszard Kapuscinski. Viajes con Heródoto)

jueves, 4 de abril de 2019

Dolor de corazón

Y te aseguro que no cabe entre los hombres dolor igual al que sienten los que piensan bien sin poder hacer nada por impedir el mal.


La historia de Heródoto. Viajes con Heródoto
Ryszard Kapuscinski
Ésta es el hambre.  Un animal
todo colmillo y ojo.
No se harta en una mesa.
Nadie lo engaña ni distrae.
No se contenta 
con un almuerzo o una cena.
Anuncia siempre sangre.
Ruge como león, aprieta como boa,
piensa como persona.

El ejemplar que aquí se ofrece
fue cazado en la India (suburbios de Bombay), 
pero existe en estado más o  menos salvaje
en otras muchas partes.

No acercarse.

El hambre (El gran zoo). Nicolás Guillén
Leo. Damon Hellandbrand

lunes, 17 de agosto de 2015

Tu mirada es el paisaje (CV)

Leo Putz

Las mujeres, en cambio, miran para otro lado. Ya sé que no se las debe mirar fijamente; sin embargo, cuando uno permanece durante un buen lapso entre un mismo grupo de mujeres iraníes, puede suceder que una de ellas se ajuste el velo de tal manera que de él asome por un instante un ojo, invariablemente negro, grande, brillante y enmarcado por largas pestañas.

Viajes con Heródoto. Ryszard Kapuscinski

jueves, 30 de diciembre de 2010

Mercado


Se dedican al comercio. Compran, venden, hacen de intermediarios, especulan. Cuentan, no paran de contar y recontar, menean la cabeza, se pelean. Decenas, cientos de tiendas permanecen abiertas de par en par, y sus mercancías, lanzadas a la calle, cubren las aceras. Telas, muebles, lámparas, ollas, espejos, abalorios, juguetes, arroz, jarabes, especias... todo. Delante de una tienda, se sienta el hindú de turno en su silla y, con un pie apoyado en el asiento, no para de hurgarse los dedos del mismo.

Yo, el blanco. Ryszard Kapuscinski

martes, 16 de febrero de 2010

Pobreza lejana

Paisaje. Nicolás Chacón


Simón dice que cuanto más lejos un camino grande, un camión y un mercado, tanto más grande es la pobreza. La peor de todas reina allí donde los campesinos viven tan lejos de un mercado que son del todo incapaces de llevar sus productos al mismo.

Habrá fiesta. Ébano. Ryszard Kapunscinsky

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Tu mirada es el paisaje (XXXVII)


Cuando se acaba el día y todo se sume en la oscuridad, los congregados interrumpen la reunión y se van a sus casas. No se puede debatir a oscuras: la discusión exige mirar al rostro del hablante; que se vea si sus palabras y sus ojos dicen lo mismo.

Estampas eritreas. Ébano. Ryszard Kapuscinsky

lunes, 22 de junio de 2009

Mercado mudo

Boats. Dan Burkholder
En esta parte de África, entre los hombres del Sáhara y las sedentarias tribus del Sahel y de la sabana, existió durante siglos un intercambio de mercancías que se conoce por el nombre de comercio mudo. Los hombres del Sáhara proporcionaban sal y a cambio recibían oro. Esa sal (un producto buscado y precioso, sobre todo en el trópico) la traían sobre la cabeza los esclavos negros de los tuaregs y de los árabes, desde el interior del Sáhara seguramente hasta las orillas del río Níger, donde se llevaba a cabo toda la transacción: "Cuando los negros alcanzan las aguas del río", relata Alvise da Ca'da Mosto, un mercader veneciano del siglo XV, "cada uno de ellos hace un montículo con la sal que ha traído y lo marca, tras lo cual se alejan todos de la ordenada fila de esos montículos, retrocediendo a una distancia de medio día, en la misma dirección de donde han venido. Entonces llegan unos hombres de otra tribu negra, hombres que nunca enseñan nada a nadie y con nadie hablan: llegan a bordo de grandes barcas, seguramente de alguna isla, desembarcan en la orilla y, al ver la sal, colocan junto a cada montículo una cantidad de oro, tras lo cual se marchan, dejando la sal y el oro. Una vez se han ido, regresan los que han traído la sal y si consideran suficiente la cantidad de oro, se lo llevan, dejando la sal; si no, dejan sin tocar la sal y el oro, y vuelven a marcharse. Entonces los otros vienen de nuevo y se llevan la sal de aquellos montículos junto a los cuales no hay oro; junto a otros, si lo consideran justo, dejan más oro o no se llevan la sal. Comercian precisamente de esta manera, sin verse las caras y sin hablar unos con otros. Tal cosa dura ya desde hace mucho tiempo, y aunque todo el asunto parece inverosímil, os aseguro que es verdad".
Oro y sal. Ébano. Ryszard Kapuscinski

miércoles, 25 de marzo de 2009

En el autobús

Martin Grover
Al final llegó un autobús pequeño de la marca Toyota. Estos vehículos disponen de doce plazas, pero aquí transportan a más de treinta pasajeros. Resulta difícil describir el número y las combinaciones de todos los suplementos que llenan el interior de un autobús como aquél: barras y bancos de más, añadidos a golpe de soldador. Cuando el vehículo va lleno, para que alguien pueda subir o bajar, todos los pasajeros tienen que hacer otro tanto. La exactitud y estanqueidad de los que se encuentran en su interior equivale a la precisión de un reloj suizo, y cada individuo que ocupa una plaza tiene que contar con el hecho de que las próximas horas no podrá mover ni tan siquiera un dedo del pie. Las peores son las horas de espera, cuando, en un autobús recalentado y asfixiante, hay que quedarse sentado y quieto hasta que el conductor reúna el número completo de pasajeros.
Un día en la aldea de Abdallah Wallo. Ébano. Ryszard Kapunscinski

martes, 6 de enero de 2009

Norte-Sur

Children in Nigeria. Abbas
¿Hemos pensado que la gente del norte representa una clara minoría en nuestro planeta?
La estructura del clan. Ryszard Kapuscinsky

viernes, 12 de diciembre de 2008

Apolo y su tataracamisa


Apolo es uno de los vecinos de Simón. Es un hombre de edad indefinida, flaco y de pocas palabras. Está de pie delante de su casa y, sobre una tabla de madera, plancha una camisa. Tiene una plancha de carbón vegetal, inmensa, vieja y oxidada. La camisa es aún más vieja. Para describirla, tendría que echar mano del lenguaje de los críticos de arte, del de los posmodernistas caprichosos, del de los especialistas en suprematismo, el visual-art y el expresionismo abstracto. La prenda es nada menos que una obra maestra del patchwork, informel, collage y pop-art, un prodigio de la más viva imaginación de aquellos sastres laboriosos junto a los cuales hemos pasado al venir aquí por la carretera de Kampala. La camisa en cuestión ha debido de pasar por tantas agujas cosiéndole remiendos sobre los agujeros, muestra tantos retazos de telas de texturas, estampado y grosor de lo más diversos, que no hay manera de adivinar de qué color era y de qué tejido estaba hecha la prenda original, aquella primera tataracamisa que dio comienzo al largo proceso de cambios y modificaciones cuyo efecto se extiende ahora ante Apolo, sobre su tabla de planchar.


Habrá fiesta. Ébano. Ryszard Kapunscinski

jueves, 9 de octubre de 2008

Objetivo

Dinky-Bird. Maxfield Parrish


Por lo general se cree que tener un objetivo marcado es algo bueno: que la persona sabe lo que quiere y que lo persigue; por otra parte, sin embargo, tal situación le impone unas anteojeras, como las de los caballos: ve única y exclusivamente su objetivo y nada más. Y ocurre, por lo contrario, que lo que está más allá, lo que se sale del límite impuesto en amplitud y profundidad puede resultar mucho más interesante e importante.

La estructura del clan. Ryszard Kapuscinsky

martes, 8 de julio de 2008

Políticas de empleabilidad

Big Push. Rob Lang


Hay muchas personas en mi callejón que no poseen más que una sola cosa. Éste tiene una camisa, aquél una panga y el de más allá, sin que se sepa de dónde lo ha sacado, un pico. El que tiene una camisa puede buscar trabajo de vigilante nocturno (nadie emplea a un vigilante semidesnudo), al que tiene una panga tal vez lo alquilen para cortar las malas hierbas, el del pico puede cavar una cuneta. Los demás no pueden poner a la venta sino sus meros músculos. Confían en que alguien los necesite como mozos de cuerda o mensajeros. Aun así, en ninguno de estos casos existen muchas posibilidades de encontrar trabajo, pues la competencia es enorme. Además, por lo general se trata de empleos eventuales: de un día o de un par de horas.


Mi callejón 1967. Ébano. Ryszard Kapunsciski