El acento local tiene un aroma de praderas, un dejo nasal de peón, y los hombres, muchos de ellos, llevan pantalones ajustados, sombreros de ala ancha y botas de tacones altos y punta afilada.
La risa sirve como una señal que hay que saber escuchar. Es como si la naturaleza hubiese instalado en nuestra mente una alarma cómica, que suena cuando nos encontramos ante los múltiples errores, absurdos, contradicciones, falacias, vaguedades, locuras o necedades que obstruyen nuestro conocimiento.