sábado, 27 de octubre de 2018

Llegaste, por fin

Analee Merino

Llegaste -te buscaba con ansia-.
refrescaste mi pecho que ardía de deseo.

Plenitud (Poemas y testimonios). Safo 

sábado, 20 de octubre de 2018

En el cuarto amarillo del amor

Matisse

En el cuarto amarillo
los amantes encienden las palabras.
Qué importa lo que duren, si prenden rápido,
si se tiñe la cama con reflejos de plata, azul, rojo,
naranja, si no suena otra cosa, si los miedos
se escapan y florecen
las quemaduras de la sábana.
Las palabras se afilan
con fuego de palabras.
Los amantes ensayan.

Invención de gato. Vanesa Pérez-Sauquillo

martes, 16 de octubre de 2018

Un barco sin primeras ni segundas

Barcos de pesca de Muxía. Ángel Dorado Canela

¡si uno pudiese
adquirir un pasaje en ese barco
en el que no hay primeras ni segundas!

pequeño cuadro (Poemas simplistas). Antonio Hidalgo

miércoles, 10 de octubre de 2018

La violencia de Eros

Encinas al sol. Antonio Gutiérrez

Eros ha sacudido mis entrañas
como un viento abatiéndose en el monte
sobre las encinas.


La violencia de Eros (Poemas y testimonios). Safo

sábado, 6 de octubre de 2018

Nuestras manos

Clara Gómez

El tacto y el olfato y la lengua y la vista
junto a tu cuerpo son maneras de nacer
...
Sin mujer en las manos lo mejor es morir.

Antes de que el tiempo expire, nuestras manos. (Las rubáiyátas de Horacio Martín). Félix Grande

jueves, 4 de octubre de 2018

Unanimidad, no, gracias

Asbjorn Lonvig

Cuanto más simple es una lógica, más desconfío de ella. Nunca he sabido por qué desconfío; algo en mi sensibilidad me aleja de las ideas que se dicen unánimes.


El primer siglo después de Beátrice. Amin Maalouf

lunes, 1 de octubre de 2018

Busco un amigo por los caminos del agua

En cierto día de octubre de cada año, sonaba el teléfono en la casa de Mirta Colángelo:

-Hola, Mirta. Soy Jorge Pérez. Ya te imaginás por qué te llamo.

Hoy hace dieciséis años que encontré aquella botella. Te llamo, como siempre, para celebrarlo.

Jorge había perdido el empleo y las ganas de vivir, y andaba caminando su desdicha entre las rocas de Puerto Rosales, cuando encontró una de esas naves de la flota que los alumnos de Mirta arrojaban, cada año, a la mar. Dentro de cada botella, había una carta.

En la botella que encontró Jorge, la carta, muy mojada pero todavía legible, decía:

-Me llamo Martín. Tengo ocho años. Busco un amigo por los caminos del agua.

Jorge la leyó y esa carta le devolvió la vida.


La carta y la vida. Eduardo Galeano