martes, 21 de abril de 2026

SU CADERA ERA LA MÍA


Se hacía de noche por aquellas calles y las farolas estaban encendidas y habría querido que durase siempre, porque ahora sabía que la idea de separarnos y no volvernos a ver me dejaba como sin piernas. Era como si yo hubiera echado raíces en su sangre. Su cadera era la mía. Su voz era como abrazarla.

(Cesare Pavese. El camarada)

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