El oído atento. Paqui Díaz
La oratoria es el arte de hablar con elocuencia. Es también un género literario, al que pertenece el discurso, la conferencia, la arenga, el sermón, etc. De las personas que saben hacerse escuchar decimos que son buenas oradoras y desde antiguo (Demóstenes, Cicerón, San Agustín…) los tratados de oratoria fueron recursos valiosos para los interesados en la retórica. Pero, paradójicamente, no existe palabra propia para designar a quien sabe escuchar bien, como tampoco la hay para el arte de escuchar. Puede que esta desatención léxica sea debida a que el acto de escuchar es una acción humilde, discreta: escuchar conlleva el olvido de sí mismo para concentrarse en el otro, para reconocerlo. Escuchar es comprender, una forma de amar, porque cuando escuchamos dignificamos al otro prestándole atención, nos disponemos para él. No hay nada más valioso que el tiempo, es lo mejor que podemos regalar: escuchar cuidadosamente a quien nos requiere para que le escuchemos. Escuchar es un placer espiritual y una de las formas del cuidado.
Hay muchos tipos de escucha: la escucha utilitarista, la compasiva, la profesional, la terapéutica, la espontánea, la planificada… Nos interesa qué y a quién. Escuchamos a los otros y a nosotros mismos, a veces demasiado; también a los que ya no están: en nuestro recuerdo revivimos sus frases, sus consejos y sus conversaciones, los seguimos escuchando en nuestra voz interior.
La escucha es un acto intencional, se ponen los cinco sentidos en la persona que habla, no solo el oído. Puede que el mejor vehículo de la escucha sea la amistad. Nada mejor que la confianza de un amigo, tanto en el dolor como en la dicha. Puede que la amistad consista precisamente en eso, en escuchar y ser escuchado con afecto, lealtad y seguridad.
La escucha presupone la audición, pero oír no es lo mismo que escuchar. Oír es un fenómeno fisiológico y significa percibir los sonidos con el oído. Escuchar es prestar atención a lo que se oye, es una actividad racional y deliberada, una acción psicológica. Escuchar es oír más interpretar.
Los antiguos anatomistas griegos, pioneros en el estudio del cuerpo humano, pensaban que el nervio auditivo se dividía en tres caminos dentro del cerebro y que el oído escuchaba a tres niveles distintos. Un primer camino era para las conversaciones mundanas; el segundo servía para adquirir conocimientos, y el tercero permitía al alma oír consejos guía para su permanencia en la tierra. Lo que no supieron decir, o no llegaron a intuir, es que aún hay otro oído más, el oído galante, por donde camina el deseo, la llave que abre todos los poros de la piel.
“Ellas hablan más”. Así respondió el prestigioso psiquiatra Luis Rojas Marcos cuando le preguntaron por qué las mujeres viven más que los hombres. Hablar y escuchar es la sustancia de la vida, el diálogo intersubjetivo sobre el que reposa la valía personal, el gusto de sí y el aprecio por los demás. Para vivir más y mejor, hablamos y escuchamos.
(Inma Díaz, 2025. Artículo para la revista VIÑAS LITERARIAS N.6)

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