Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.
(Juan Rulfo. Pedro Páramo)
Ya no guardo en mi mente el perfume de
su piel ni en mis ojos el color de sus ojos. Ya no me acuerdo de la voz, salvo
a veces la de la dulzura con la fatiga de la noche.
(Marguerite Duras. El amante)
