Pliegos y pliegos de papel fueron emborronados con entusiasmo y acto seguido destruidos con idéntico ardor. Hasta una pluma destrocé un día con mis propios dientes, enrabietada con los pobres resultados de mi escritura. Quiteria, que me había visto, me dijo:
—Señora, no se enfurezca usted con la pluma, que el ganso no tiene culpa.
(Herminia Luque. Amar tanta belleza)

No hay comentarios:
Publicar un comentario