Voy al instituto con zapatos de noche ornados con adornillos de lustrina. Por capricho. Sólo me soportaba en ese par de zapatos y aún ahora me gusto así, esos tacones altos son los primeros de vida, son bonitos, han eclipsado a todos los zapatos que los han precedido, los zapatos para correr y jugar, planos, de lona blanca.
(Marguerite Duras. El amante)

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