Fernando Botero
Tenía la cara más fina que el cuerpo, donde se le acumulaba el peso en el abdomen, las caderas y los muslos. Comiendo, buscaba el consuelo que no encontraba en ninguna otra parte. El relleno se acumulaba sobre ella como defensa contra las dificultades de la vida. Y parecía todavía más gruesa porque llevaba ropa muy grande. La mujer vestida con sacos que se embadurnaba de maquillaje como si fuese disfrazada porque a su cara le daba miedo salir al mundo sola, por temor a que la viesen. Por temor a tener que verse a sí misma.
(Tiffany McDaniel. El verano que no derritió todo)

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